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viernes, 5 de agosto de 2011

La incompetencia de la "octava potencia".

Erase una vez un país del que todos se enorgullecían. Los politicos estafadores lo calificaban como la "octava potencia"(¿mundial?) a pesar de ocupar muchos de los últimos puestos en muchas de las clasificaciones en diferentes campos, incluso por debajo de lo que nosotros consideramos "la pobrecita europa del este". Llegada la situación de una crisis insostenible, culpa de todos y de nadie, lo inaceptable es que la clase política siga negando la situación y que muchos de los empresarios se suban al carro de los recortes, esclavizando y extorsionando al personal. Yo pensaba que el campo laboral se basaba en un intercambio, un tú me pagas por mi trabajo. Todo esto llena las calles de gente desocupada y con muchas ganas de trabajar, y seguramente de trabajar BIEN. En una sociedad tan competitiva, donde la edad influye más que la experiencia, donde la preparación previa (formación a cargo de la empresa) brilla por su ausencia, a pesar de tener la necesidad de disponer de bobinas de papel impresas con títulos formativos a la hora de buscar trabajo, y de flanquear las dificultades de la competitividad, el trabajo se sigue haciendo mal. Algunas de las ¿mejores compañías? de servicios, en las que operadores y operadoras ríen y mantienen conversaciones con sus compañeros a la par que atienden una consulta, no te resuelven nada después de ni siquiera haber hecho el trabajo bien o no haberlo hecho. Todo esto por el módico precio de todo lo que te puedan cobrar anualmente más las llamadas a los famosos 902, tan populares en nuestro país. Quizás en lugar de descartar a la gente, en un proceso de selección laboral, por idioteces como la edad o los títulos que aveces no sirven de nada, deberían preocuparse de la formación y competencia del individuo y de la consideración hacia el cliente, seguro que la calle está llena de gente que desempeñaría mejor la labor. En fin que de octava potencia nada y sin respeto y modales y efectividad y una interminable lista que cansa escribir, nos hacen pagar lo que alguien considera la calidad de vida europea. La ley de la jungla vuelve, y sálvese quien pueda. Tanta ley, tanta política y tanto engaño para que ni tan sólo las cosas más sencillas te den un respiro en momentos tan difíciles.

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